01 Jun D. Carlos R Lacayo titulado “Inversión social y empresas”

Cuando fundamos la Unión Nicaragüense de Responsabilidad Social Empresarial (Unirse), hace ya 12 años (abril del 2005), lo hicimos convencidos de que la inversión social es un componente integral de las empresas y un gran desafío porque estábamos introduciendo nuevos conceptos, proponiendo un cambio de pensamiento y un ajuste a los esquemas culturales. Tuve el privilegio de ser el primer presidente de Unirse y desde el momento que acepté me di cuenta del enorme reto que debíamos enfrentar.

Nicaragua no se podía quedar atrás en esa tendencia global dirigida a que los negocios gestionen sus operaciones tomando en cuenta el progreso de las comunidades y la sustentabilidad ambiental a través de la educación y la formación académica del mercado laboral. Hemos ratificado que el ser humano es un factor indispensable, que el mejor activo de una empresa son sus recursos humanos, que el entorno social debe de ser sano, con legítimas aspiraciones de superación y que todos somos parte de una sociedad que a diario se esfuerza por su propio desarrollo.

En la Fundación Calsa hemos apostado por una educación complementaria del sector adolescente que cursa la escuela secundaria. Después de un estricto proceso de selección de los mejores alumnos, el programa empresarial Supérate, que es una franquicia social centroamericana, otorga becas por tres años para estudiar valores y principios universales, el idioma inglés como segunda lengua y computación, tres herramientas fundamentales en el mundo moderno. De esa forma damos un aporte integral, no solo a la comunidad, sino también a la sociedad nicaragüense en su conjunto.

Está demostrado que los jóvenes, entre mayor formación educativa reciben, su abanico de oportunidades se amplía significativamente al momento de continuar sus estudios a nivel nacional o en el extranjero; al optar a un trabajo decente y adecuadamente remunerado; o al emprender negocios autosostenibles, multiplicadores de empleo juvenil que paulatinamente van tomando relevancia por su buena gestión e inteligente manejo.

En ese sentido, no cabe duda de que la inversión social de las empresas es una clara contribución a los esfuerzos por superar la línea de pobreza y, adicionalmente, formar ciudadanía responsable, pues siempre que los principios y los valores humanos se priorizan y se colocan encima de todo, lo que obtendremos son ciudadanos ejemplares que no caerán en vicios y deterioros morales, tan frecuentes en el mundo actual. Por eso, estoy convencido de que las empresas, en general, deben conducir su inversión social de una manera estratégica, que no solamente les ayude a mejorar su imagen, lo cual está bien, pero el fondo del asunto está en mejorar la productividad y la competitividad del país.

Hace 12 años, 22 empresas juntamos voluntades para crear Unirse, una organización que en ese lapso se ha quintuplicado, siendo hoy un referente indelegable en materia de responsabilidad social empresarial, con una ventaja: surgió como una exigencia propia, nacional. Nadie nos pidió, mucho menos exigió a los empresarios, organizarnos para promover el bien común, porque al final del día, de eso se trata la inversión social, ser agente de ese cambio cultural que sobrepone los intereses de la comunidad y promueve la formación de buenos ciudadanos corporativos.

Ser suscriptores de la agenda global que impulsa Naciones Unidas por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), hacerle frente al cambio climático, superar la pobreza y mejorar la equidad social es una responsabilidad que nunca evadiríamos, por el contrario, nos entusiasma, pero, lo más importante es tener el potencial para aportar a la transformación de nuestro propio entorno y ejercerlo con inversión social desde el sector empresarial.

El autor es CEO del Grupo Calsa.

 




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